jueves, 15 de febrero de 2024

DE LAS HISTORIAS QUE NADIE ME CONTÓ (Allá por el 67)

Me quedo con las cosas que me gustan. Alguien dirá que lo hacen todos, que es cuestión de prioridades; hay una diferencia: lo que prefiero, cosas comunes, no siempre es lo que quieren otros; como esa mayoría que nunca se equivoca porque existe la creencia de que la verdad es cuestión de número. Y así, sucede lo impensable...

Recuerdo una vez en que casi amanece mientras un tipo de hablar gangoso, sentado en el borde de una mesa rectangular en desnivel, repetía con enfado: esta reunión no se termina hasta que no se vote para botar a Felón. Y Felón era un tipo noble al que la gente apreciaba, no como a su verdugo que al mencionarlo lo hacía como si fuera a vomitar la última sílaba del nombre y quería verlo salir aquella misma noche por la única puerta que le cerraba al infeliz todos los caminos. Nadie sabía por qué, nunca se dijo...

En nombre del centralismo democrático centrado en él y en el fondo de su absoluta irracionalidad recostando el extremo de las nalgas al borde de la mesa, último punto de apoyo de su opinión de joven comunista paseaba su mirada tratando de descubrir quién discrepaba y era fácil, todos lo hacían. Evitó sugerir que se votara porque intuía que podía ser la contraparte de su voluntad infalible y omnímoda.

El tipo tenía un nombre muy afín con su personalidad, se llamaba Hiram, no sé si supervive o se murió de un ataque de ira Hiram, aquel que defendía la democracia desde el centro, pero de sus designios peregrinos y para joderle la vida a un inocente que acabó sorprendiéndonos a todos.

Me voy, dijo Felón, nadie nos va  sacar de este recinto y para que se vayan a dormir y esto termine, es lo único que diré esta noche, adiós y buena suerte.

Eran cerca de las cinco de la mañana de una batalla que comenzó como a las diez de la noche anterior, pasadas un par de horas que llamaban de estudio, dentro de un cubículo inserto en la edificación de una ciudadela a la que, paradójicamente, llamaban Libertad.

Nadie volvió a saber de Felón; Hiram, sin embargo, ocupó muchos cargos de dirección partidista importantes cuando degeneró en "cuadro" y donde por obra y gracia de la democracia (socialista) debió ser el centro de otras polémicas siempre resueltas a su favor.