En busca del aliento, de un poco de aire puro, necesitaba escribir de otras cosas. Variacion sobre un tema...
Vivir en una isla es entender la libertad rodeada por el agua que te separa del resto de La Tierra.
Entender, digo, porque hace la diferencia entre quien puede huir del poder que envuelve al planeta en una proporción de tres a uno y el que deja la huella de sus pasos sobre tierra firme.
Del que puede correr dando la espalda al mar con el favor del viento y llegar a un lugar mediterráneo para encontrar la compañía de la soledad y aprender a vivir con ella alternativamente, no como condición.
Ser de una isla es; aún más, es dibujar un contorno de tu presencia separando las ansias del deseo de irte y terminar dando vueltas hacia el mismo lugar para evitar ahogarte.
Que el mar, siempre será tu destino porque te envuelve y te abraza, te secuestra y te aísla.
Entonces se vive en la complicidad del silencio, de quien no sabe qué es una frontera, qué puede haber, quién te puede esperar al otro lado.
Es como si existiera la misma distancia del suelo al infinito o a los bordes del horizonte que oculta otras visiones.
El isleño pertenence a un terruño que se alza sobre la magnitud del piélago y que de mañana encandila la visión como en el choque del rayo de luz con el espejo, pero en la noche te secuestra y te sume en la insondable oscuridad, la de los peces ciegos.
Ser de una isla es difícil de entender, porque el que de ellas viene resulta doblemente forastero, es de un lugar entre el mar que esconde tu raíz eternamente entre el sustrato húmedo de la superficie e impide el afianzarse por completo en el contexto duro de otros suelos.
Ser de una isla es caminar en cualquier dirección para encontrarse siempre frente al mar.
Pero es también virtud, porque se nace envuelto en los olores del salitre, resistente a la herrumbre de la desesperanza y al desafío de las inclemencias.
Al cabo, estás siempre muy cerca de cualquier naufragio; del que zozobra sin llegar a la conquista para satisfacer en la orilla su codicia, o del que huye sigiloso sin que alguien lo sepa.
De allí se sabe todo, nadie escapa por siempre, porque el mar te ata a tú pasado, te envuelve en los recuerdos y te obliga.
Así, vestida con mortaja de ocasion, como flotando, nos sorprende la muerte.
Todas las reacciones:
2Alina Avela y Ada Ivis De La Rosa Ramírez
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