jueves, 20 de marzo de 2025

EN EL SILENCIO

La historia que le persiguió toda la vida terminó siendo insuperable. Sabía, por haberlo estudiado, o algo así, que los entendidos a eso le llaman trauma.

Algunos son visibles, se convierten en heridas que pueden llegar a inspirar compasión; taras, cicatrices de la carne y la piel como una quemadura que arranca de ella su suavidad y la hace abrupta al tacto,

Otros, son como un secreto que se retuerce en la mente y va horadando en ella un nicho hasta la muerte, De esos, de los que nadie sabe sin haberlos padecido no le era posible hablar, nadie lo entendería.

Lo que nunca quiso escuchar y llegó a él de manera casual, como una conversación entre terceros, se volvió un tatuaje en su cerebro; en efecto, debía hacer silencio, hacerse el desentendido y vivir sin poder comentar lo que todos sabían aunque no les interesara.

Vivir la vida en tales términos creo en él un efecto desdoblado entre una aparente fortaleza y una intrínseca debilidad para no conseguir asimilar su propio dolor y padecer la indiferncia ajena.

Así vivió entre la normalidad de lo cotidiano y trazos de felicidad que eran comparables con las pinceladas de los impresionistas capaces de conjuntar un lienzo bello entre colores como lluvia, dándole forma a la apariencia de aquella inmutable percepción lacerada entre luces y sombras.

Ahora, ante la inminente falta de tiempo para continuar viviendo — como quiera que fuese — pasaba horas meditando, sentado en cualquier sillón, en cualquier sitio que a pesar de la diferente apariencia circundante terminaba siendo igual.

No era lo que le rodeaba lo que hacía distinto cada momento; todo se igualaba ante la voz de su interior que, imposible de compartir con alguien aunque tuviese compañía, era como una voz en "off" que solo él podía escuchar.

Aquella vez que se enteró porqué debió vivir en la mentira, se propuso que pondría su secreto indivisible en un lugar al centro de su vida y estuvo convencido de que, sin importar el tiempo que viviera, iba a morir con él. Los demás le seguirían siendo indiferentes y esa determinación su resiliencia.

Al fin, ahora se trataba de una conversación con el mejor de los amigos, ese que no podía traicionarlo porque solo le hablaría en soledad y en silencio. A ese amigo de nombre impersonal y extraño que muchos nunca llegan a conocer, él le llamaba conciencia.

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